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11- El miedo por Isabel Villanueva

  Aún era noche cerrada cuando Eva llegó al recinto de oficinas. Aparcó lo más cerca que pudo de la entrada y se arrebujó en la rebeca azul que se ponía encima del uniforme, de un tergal tieso y con unos colores que parecían los de un equipo de futbol. Lo hacía por el frío que hacía a esas horas de la madrugada y, por el miedo que le entraba al pasar entre las sombras de los árboles que cubrían la zona de aparcamiento. Además, que estaba todo tan oscuro…      —Ya se podían gastar algo de dinero en poner unas luces por aquí —rezongó enfadada, mientras avanzaba mirando al suelo que iluminaba con la linterna del móvil. Estaba lleno de agujeros, y el servicio de limpieza no pasaba por allí desde los tiempos de la Piquer, hecho este que se notaba más después de la celebración de la macro fiesta de Halloween ese fin de semana—. Asco de Halloween… Ya no se respeta ni a los difuntos —aunque admitía que el sitio venía al pelo para una cosa así. —De vez en cuando miraba ...

11 . El miedo por Amparo Jiménez Planas

  Aquella mañana, Blanca salió de su casa muy temprano. Tenía una reunión muy importante y antes de entrar quería darle un repaso. V ivía en un barrio periférico de la ciudad donde, a tan temprana hora, no se veía un alma.      Blanca c ogió el camino en dirección al metro que le llevaría a su trabajo y una vez más notó esa extraña sensación de que alguien la seguía; no veía a nadie, pero era como si un sexto sentido la estuviera avisando. Ella no era una mujer cobarde, es más, se tenía por valiente, pero esa sensación que llevaba ya un tiempo experimentando estaba empezando a ponerla nerviosa. Aquel día, al regresar del trabajo, esa sensación se hizo más intensa y al volver la vista atrás vio a un hombre que la miraba fijamente. Era alto, robusto tirando a grueso, con el pelo ralo, grasiento y una expresión extraña en la cara. Aceleró el paso, y el hombre también lo aceleró. Ella, casi corriendo, llegó a su casa y se encerró por dentro. Saltó al sofá y se hizo un ov...

11 – El miedo por Beatriz Salas Escarpa

  —¿Os dan miedo las películas de terror? —preguntó Lucas, novio y compañero de Paula, cuando apareció con una cinta del videoclub de la esquina. —A mí no. Yo no tengo miedo a nada —respondió Paula sin levantar la vista, concentrada en el cuello de la camisa que estaba planchando. —Pues a mí me encantan esas pelis.  Isabel, la prima de Paula, había venido desde Suiza unos días de visita y se había integrado con ellos de maravilla. —Por mí, poned lo que queráis —afirmó Paula. —No había mucha opción —les explicó Lucas mientras metía la cinta en el vídeo—. Desde que llegó tu prima, no hemos parado de ver películas, y no encontré nada mejor. —Tenía una expresión entre pícara y osada, consciente de que aquel Viernes 13 las sorprendería—. ¿Sabéis lo que significa el título?  Isabel asintió. —Ni idea —respondió Paula. —Es el peor de los días. Si coincide el viernes con un día 13 del mes, es señal de mala suerte.  —No, ¡eso es el martes 13, Lucas! —contestó...

11 – El miedo por Rafael Llamas Cadaval

  ¿Qué es el miedo? Según la IA, es “una emoción básica primaria y de supervivencia que surge ante la recepción de un peligro real o imaginario"        Si bien esta es una definición hecha por la IA en 2026, la sensación de miedo la hemos sentido y vivido desde nuestra más tierna infancia y de formas muy diferentes.        Recuerdo cuando tenía 5 o 6 años, que fuimos a ver pasar, una cofradía de Semana Santa, desde los balcones de las oficinas del banco, donde mi padre era el Director. Íbamos todos, animados para ver los pasos de la cofradía. Cuando llegamos a la primera planta de las oficinas, mi padre abrió las puertas de los balcones y nos indicó para que saliéramos. La tata que cuidaba a mis hermanos y a mí, se adelantó y nos invitó a salir con ella al balcón. El balcón era muy estrecho, tan solo entraban cuatro personas en la primera fila, por lo que la tata sacó primero a los niños, en ese lugar preferente. Nada ...

10- La buena suerte por Isabel Villanueva.

  Mano de Piedra. Esto que voy a narrar es un hecho real, diría que vinculado a la casualidad sino fuese porqué, con el paso del tiempo y el efecto que ha tenido en mi, creo que ha intervenido más la buena suerte. Es una historia sencilla, nada pretenciosa, de como he creado un vínculo con un deporte con el que nunca jamás pensé que fuera a relacionarme. Hace algo más de dos años, andaba agobiada con mi físico. Las lorzas habían crecido más de lo recomendable, me sentía pesada, la ropa no me sentaba bien, parecía mayor de lo que era… Y no es que fuera una niña, que había cumplido cincuenta y seis castañas, pero ni mi imagen ni mi carácter se asimilaban al de una mujer de mi edad. Siempre, siempre, fui deportista; iba con mi bicicleta a todos lados, metiéndome por carreteras y haciendo miles de kilómetros, tanto para estudiar, como para trabajar e incluso salir… Hasta a la Feria de abril iba en mi montura, y eso que el barrio donde vivía estaba en el extra radio de Sevilla capit...

10 - La buena suerte por Rafael Llamas Cadaval

  ¿La buena suerte?... ¿Pero qué dices?, ¿buena suerte?... bueno tendremos que analizarlo.   Se me ocurren determinados momentos o circunstancias en las que decimos o nos dicen: ¡que tengas buena suerte!, y las personas, a los que se lo decimos nos miran con cara de escepticismo, porque ¿qué es buena suerte? En la mayoría de las ocasiones lo decimos al comprar o regalar un décimo de lotería o una participación de los cupones. Quizás, esta sea una de las circunstancias donde el “desear buena suerte”, es el momento mas adecuado para decirlo. Aunque, solemos decir esta frase en otras muchas situaciones.   Mi pareja, en numerosas ocasiones me ha dicho: “ve a comprar el pan y que tengas buena suerte”. Lo suele decir, por las largas colas que se producen los domingos en la panadería. Cuando volví, le dije “he tenido buena suerte, me han atendido sobre la marcha”, claro, que a la hora que he ido era normal.   Recuerdo cuando mi madre, ante de salir de casa, para hacer un ex...

10 - La buena suerte, por Amparo Jiménez Planas

  Era una bonita mañana de sábado de primavera y Pepe se levantó con ganas de pasear. Contempló su magnífica casa en la mejor zona residencial de la ciudad y recordó cómo empezó todo: aquel día que le tocó la lotería. Evocó la emoción que lo embargó cuando miró el número y se dio cuenta de que coincidía completamente con el que él llevaba. ¡Por fin la buena suerte! Llamó a su mujer, lo gritó en la obra y todo eran saltos, risas y alegría. ¡Qué buena suerte! Los compañeros de trabajo, la familia, los múltiples amigos, los vecinos, todos se congratularon con él. De eso habían pasado ya tres años y lo recordaba como si hubiera sido un sueño. Decidió salir a pasear y pensó “¿A dónde voy? Por esta urbanización no conozco a nadie. Paseo cruzándome con desconocidos o con conocidos que, como mucho, me hacen un gesto de reconocimiento mirándome por encima del hombro. No pertenezco a su grupo social, soy un nuevo rico, un cateto, me desprecian”. Y de pronto se le ocurrió “¿Y si voy al barr...