5 - La visita por Beatriz Salas Escarpa
Las lentas horas de aquel viaje llegaron a su fin al mediodía del jueves 12 de junio. Para ser la primera vez que me subía a un barco, no pongo en pie los días de trayecto. Lo que sí me marcó fue empezar a ver tierra al acercarnos a Tenerife. Bordeando la costa desde el sur hasta la capital, contemplé incrédula un continuo secarral que daba miedo. Convencida de que me había equivocado de isla, me giré buscando a quién preguntar, porque no había ni rastro de vegetación. Había imaginado un paisaje frondoso, verde y hasta con loros. Lo comenté con mi hermano: —¿No íbamos a una isla tropical? ¿Dónde están las palmeras? Me miró sin saber qué contestar; solo tenía diecisiete años. No me gustó nada. La decepción fue tremenda. Mis tíos nos recibieron como si nada, quizá porque habíamos tenido nula relación al vivir en otros países. Eran fríos los hombres de mi parte paterna. Tras la comida con todo ellos, nos guiaron...