10 - La buena suerte por Rafael Llamas Cadaval

 

¿La buena suerte?... ¿Pero qué dices?, ¿buena suerte?... bueno tendremos que analizarlo.

 

Se me ocurren determinados momentos o circunstancias en las que decimos o nos dicen: ¡que tengas buena suerte!, y las personas, a los que se lo decimos nos miran con cara de escepticismo, porque ¿qué es buena suerte? En la mayoría de las ocasiones lo decimos al comprar o regalar un décimo de lotería o una participación de los cupones. Quizás, esta sea una de las circunstancias donde el “desear buena suerte”, es el momento mas adecuado para decirlo. Aunque, solemos decir esta frase en otras muchas situaciones.

 

Mi pareja, en numerosas ocasiones me ha dicho: “ve a comprar el pan y que tengas buena suerte”. Lo suele decir, por las largas colas que se producen los domingos en la panadería. Cuando volví, le dije “he tenido buena suerte, me han atendido sobre la marcha”, claro, que a la hora que he ido era normal.

 

Recuerdo cuando mi madre, ante de salir de casa, para hacer un examen, me decía:

       —Hijo que tengas buena suerte —dándome un beso en la mejilla.

       Mamá, no se paraba a pensar que no era cuestión de buena suerte, sino de lo que había estudiado. Yo, cuando escuchaba esa frase, siempre aparecía en mi cabeza una reflexión: “¿He estudiado lo suficiente para aprobar ese examen?, ¿me tenía que haber esforzado más? o le tenía que haber contestado, no te preocupes que lo llevo preparado”. El aprobar el examen no era cuestión de buena suerte, sino de preparación.

       Aunque lo expuesto en el anterior párrafo es lo que pienso como alumno y como docente. He recordado una anécdota, que quizás pudiera justificar esa frase.

 

Era febrero de 1966, caminaba con mi amigo Miguel Ángel hacia el instituto para realizar el examen de una de las asignaturas que estudiábamos, Formación del Espíritu Nacional. Para mi esta asignatura era un coñazo, nos daban un programa de 20 temas, pero había una lección que nos la teníamos que preparar nosotros. Yo, por más que busqué y rebusqué no encontré nada de la materia de la lección 18. En el camino, hacia el instituto, mi amigo Miguel Ángel, me dio tres folios de la lección 18, que le había preparado su profesor de clases particulares. Leyendo el texto, me di cuenta que me iba a costar trabajo memorizar ese texto. Teníamos 45 minutos hasta llegar al Instituto, por lo que tenía tiempo para leerlo varias veces.

       —Amigo, no me interrumpas para nada, indícame solo los pasos de peatones, que voy a intentar memorizar esto —le dije a Miguel Ángel.

Cuando llegamos a las puertas del instituto, Miguel Ángel me preguntó:

       —¿Cómo lo llevas?, ¿te ha servido?

       —Sí, por lo menos ya sé por dónde van los tiros.

       Llagaron a la puerta del aula, y Miguel Ángel, poniendo una mano en mi hombro me dijo:

       —¡Que tengas buena suerte!

       Entramos en el aula, el profesor repartió los folios para el examen y saco una bolsita de su maletín.

       —Aquí tengo los 20 temas de clases,    que uno de vosotros saque el tema que vais a desarrollar —se levantó un alumno de la primera fila, metió la mano en la bolsa, saco un papelito, se lo dio al profesor que exclamó— ¡el tema 18!

       Inmediatamente Miguel Ángel que estaba en una de las primeras filas, se volvió a mirarme con una sonrisa, a la que le respondí de igual forma. La nota de ese examen fue un 7, por lo que ¿tengo que reconocer que tuve buena suerte?, o simplemente, algo que llegué a pensar, que el profesor había metido en la bolsa, todas las papeletas con el número 18. Quizás fueron un acumulo de sincronías, ir con mi amigo al instituto y que él llevara el tema 18 hecho por su profesor particular y quizás, que el profesor en la bolsa llevara todas las papeletas con el tema número 18, con la idea de saber cómo los alumnos habían preparado ese tema que él no le había explicado. Quizás, todas estas sincronías fueron debidas a una “buena suerte”.

 

Analicemos otros momentos en los que se utiliza esta frase.

      

Mi amiga Teresa, forma parte de una ONG, para ayudar a los más necesitados. Constantemente está organizando, fiestas, exposiciones, tómbolas y cenas en las que se solicita una ayuda económica según la disposición de cada uno. Cuando organiza algunas de estas actividades siempre le deseamos “que tenga buena suerte”, pero no depende de buena suerte sino de la voluntad y posibilidad económica que tenga cada uno de los invitados.

 

En mi adolescencia, cada vez que mostraba interés por una chica, mis amigos me daban ánimo y el día que conseguía una cita, me decían “que tengas buena suerte”. Después de las múltiples citas fallidas, me doy cuenta, que no era cuestión de suerte, sino de un sinfín de cosas, gustos musicales y cinéfilos, temas de conversación diversos, pensamientos religiosos y sociales, y como no, sentimientos que no surgen hacia la otra persona. El amor nace con buena suerte, sino por sentimientos compartidos, que no siempre aparecen.

 

Yo, por las múltiples actividades que he desarrollado en mi vida, en numerosas ocasiones me han deseado “buena suerte”, antes de dar una conferencia, de cantar en público en un recital o de inaugurar una exposición de pinturas o esculturas. Son múltiples las circunstancias que harán que el evento se desarrolle con normalidad y según lo esperado. En el caso de una conferencia, no va a depender de buena suerte, sino del grado de preparación, de la iconografía que presente y del interés de la temática que vayas a desarrollar. Cuando vas a hacer un recital con tus canciones, necesitas haberlas compuestos previamente, ensayos con el grupo de música, que la voz ese día este perfecta para poder cantar y que hayas creado la expectación entre amigos, conocidos y personas ajenas, de mi música y mis canciones. En el caso de las exposiciones, debes de hacer obras que puedan ser lo suficientemente interesantes para que los asistentes las puedan admirar. Cuando pinto o modelo no lo hago pensando en tener buena suerte, sino simplemente expresar lo que siento, que quiero que lo conozcan los demás.

 

Después de todo lo expresado en estas líneas, creo que voy a salir a comprar un décimo de lotería o un cupón de la ONCE, para ver si tengo buena suerte.

 


Comentarios

  1. jajajajajajajaj Pues sí, Rafael, la buena suerte también es todo eso. Desde luego, con el empeño que pones en todo lo que haces, yo afirmaría que eres un hombre con muy buena suerte.

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  2. Ten cuidado, a ver si te toca y te pasa como al protagonista de mi relato.

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  3. Has escrito un ensayo sobre la buena suerte, Rafael, con las notas biográficas que acostumbras y que nos permiten conocerte mejor. Pero me gusta, y mucho, que inventes, como estás haciendo ultimamente, porqué tienes una gran imaginación.

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