11 . El miedo por Amparo Jiménez Planas
Aquella mañana, Blanca salió de su casa muy temprano. Tenía una reunión muy importante y antes de entrar quería darle un repaso. Vivía en un barrio periférico de la ciudad donde, a tan temprana hora, no se veía un alma.
Blanca cogió el camino en dirección al metro que le
llevaría a su trabajo y una vez más notó esa extraña sensación de que alguien
la seguía; no veía a nadie, pero era como si un sexto sentido la estuviera
avisando. Ella no era una mujer cobarde, es más, se tenía por valiente, pero
esa sensación que llevaba ya un tiempo experimentando estaba empezando a
ponerla nerviosa. Aquel día, al regresar del trabajo, esa sensación se hizo más
intensa y al volver la vista atrás vio a un hombre que la miraba fijamente. Era alto, robusto tirando a grueso, con el pelo ralo, grasiento y una
expresión extraña en la cara. Aceleró el paso, y el hombre también lo aceleró. Ella,
casi corriendo, llegó a su casa y se encerró por dentro. Saltó al sofá y se
hizo un ovillo. El corazón latía a mil por hora, sentía los pies y las manos
adormecidas, un nudo en la garganta y una opresión en el estómago. Tenía ganas
de echarse a llorar, pero haciendo un esfuerzo respiró hondo y se sobrepuso. Se
mantuvo en esa postura, sin moverse durante un buen rato, inmovilizada, con la
mente bloqueada y sintiendo solamente miedo. Poco a poco su corazón empezó a
normalizarse, la sangre a circular por manos y pies, la respiración a
ralentizarse y comenzó a invadirla una sensación de tranquilidad. ¿Qué había pasado?
¿Quién era ese hombre? ¿Por qué la seguía? ¿Cuánto tiempo llevaba siguiéndola? Mil
preguntas a las que no tenía ninguna respuesta.
Pasaron dos días sin tener
noticias de su extraño perseguidor, con lo cual Blanca se fue relajando,
pensando que era un loco que ya se había cansado de su locura. Aquella noche
volvió tranquilamente del trabajo. El barrio estaba solitario y de pronto,
cerca del portal de su casa, volvió a verlo. Se quedó paralizada como en los
sueños en lo que te persiguen y tú no te puedes mover. La invadió el miedo, una
emoción que no te deja ver nada más. Se quedó mirando al hombre y el hombre la
miraba a ella. Ahora pudo observar mejor sus facciones: frente ancha, ojos
pequeños, nariz ganchuda, boca carnosa y cara redonda. Los ojos transmitían
maldad, locura, y la boca tenía un rictus de agresividad y de desprecio que lo
hacían muy amenazador. Oyó unos pasos por detrás que le hicieron salir de su
parálisis y vio, con alivio, que era un matrimonio, los vecinos del cuarto, que
iban en dirección al portón. Cuando pasaron a su lado los saludó y se pegó a
ellos para atravesar la calle y entrar en su casa. Al llegar a su apartamento
la cabeza le daba vueltas. "¿Qué hago, llamo a la policía? No me van a echar
cuenta, realmente no me ha hecho nada. Tendré que esperar a que me agreda para
poder llamarlos. ¿Quién será?" Desde entonces casi todos los días lo veía a lo
lejos, en la calle. No se acercaba, ni le hablaba; solo la observaba con aire malévolo.
Un día, al volver del trabajo, se lo encontró en el pasillo de su piso. Se quedó bloqueada, horrorizada. Él la miró con esa cara horrible y le mostró una sonrisa que nada tenía que ver con la amabilidad, sino con la alegría que sentía al pensar en el daño que le podía hacer. Después dio media vuelta, sacó una llave y entró dos apartamentos más adelante. ¡Se había mudado a su bloque! Entró en su casa, echó la llave, los pestillos y la cadena, y se sentó muerta de miedo. De vez en cuando oía pasos por delante de su puerta, ya no sabía si eran vecinos o su perseguidor. Se puso a analizar qué estaba pasando. ¿Y si todo eran exageraciones suyas? Realmente no le había hecho nada, no podía denunciarlo a la policía. Puede que fuera un trastornado mental inofensivo. Pero ¿y si no era tan inofensivo? Siguió oyendo pasos, pero ahora escuchaba también la respiración a través de la puerta. Ya de madrugada se quedo dormida en el sofá, pues estaba agotada. De pronto oyó que llamaban con golpes suaves. El pánico la envolvió y quedo paralizada. Así estuvo toda la noche hasta que por la ventana comenzó a colarse la luz del amanecer. Se levantó, se preparó el desayuno y llamó al trabajo diciendo que estaba enferma. Pasó el día encerrada en su casa sin atreverse a salir.
A la mañana siguiente, ya no le quedaba más
remedio que ir a trabajar, no se iba a quedar toda la vida en casa. Salió
temprano, de puntillas, vigilando la puerta donde entró su perseguidor, y con el
corazón latiéndole en el cuello. No había nadie, así que corrió hacia la calle.
Al doblar la esquina divisó un bulto en el suelo y vio que era una persona. Se
acercó y se quedó pasmada; era el hombre que la seguía. Estaba en el suelo con una
herida en la cabeza y un moratón en la cara. Su primera intención fue huir,
pero no había nadie por allí. Cogió el móvil para llamar a urgencias pero, para
su sorpresa, no tenía batería. Con todo lo pasado no lo había puesto a cargar. ¿Qué
hacer? No podía dejarlo ahí tirado. Le invadió
una sensación de compasión y el miedo se fue relajando. Le miró a la cara y ya
no le pareció tan amenazador. Se acercó y le preguntó:
—¿Como te sientes?
—Muy mal, me duele todo el cuerpo.
—¿Qué te ha pasado?
—Han llegado unos niñatos y me han dado
una paliza.
—¿Tienes tu móvil para llamar a la
policía? El mío no tiene batería.
—Se lo han llevado los niñatos.
—No te preocupes. Pronto pasará alguien
por aquí y llamará a una ambulancia.
—Muchas gracias, eres muy amable.
—¿Quién eres, por qué me persigues?
—Soy un desgraciado. Tu exmarido me
contrató para que te asustara. No quería que te hiciera daño, solo asustarte.
—Pues te ha salido estupendamente,
estaba muerta de miedo —sonrió.
—Siento mucho lo que te he hecho, pero
necesitaba el dinero que me ha pagado.
Blanca lo miró a los ojos y ya no le parecieron tan siniestros. Su sonrisa ya no era la misma, ahora
mostraba vergüenza y agradecimiento. Su gran tamaño ya no era agresivo, sino bonachón.
Ya no le producía miedo sino amor.
Bonita historia de miedo si me gusta
ResponderEliminarVaya, Amparo, me has tenido impaciente hasta el final y ni por asomo podía imaginarme el final.
ResponderEliminarMuy bien llevado el relato. Me ha gustado.
He pasado miedo por Blanca, y por todas las mujeres que tienen que aguantar situaciones como esa... Muy bien llevado, y con un final inesperado. Solo falta darle una vuelta a la puntuación.
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