9 - El día que vi la luna por primera vez por Rafael Llamas Cadaval

 

Peter, paseaba, como todos los días, con sus amigos y hermanos, Fran, John y Richard, disfrutando de sus juegos y de las historias que contaban sus tres hermanos mayores.

          —John, ¿por qué no me cuentas de nuevo, cómo es la luna?  —le dijo Peter a su hermano.

          —¿Otra vez quiere que te lo cuente? Que pesadito eres, hermano —dijo John, mientras sus hermanos reían.

          Iban todos caminando y se detuvieron para escucharle.

          —Imagínate que todo está negro, pero con unos puntitos luminosos, de un color entre blanco y amarillo muy brillantes.

          —¿Y esos puntitos qué son? —preguntó inocentemente Peter.

          —Son estrellas.

          —¿Y qué son las estrellas? ¿Y qué hacen? —siguió preguntando Peter.

          —Y yo que sé, pero hacen muy bonito —comentó John con cara de desesperación, porque siempre era igual.

          —Que pesadito eres, hermano —comentaron Fran y Richard.

          —Dejarlo que pregunte, para que cuando la vea, sepa todo lo que debe de saber —después de este comentario John, siguió con su explicación—. Sinceramente, no sé lo que son las estrellas, pero crean un entorno alrededor de la Luna, que hacen resaltar su belleza.

          —Sigue, sigue y olvídate de lo que dicen estos tontos —dijo Peter señalando a sus hermanos—. Pero, cuenta ya lo de la Luna que es lo que más me gusta.

          —Cuando salgamos a verla, acordaros que papá siempre nos dice que tengamos cuidado de los gigantes —siguió comentando John.

          —¿Gigantes?, ¿qué gigantes? —volvió a preguntar Peter por enésima vez.

          —Sí, son sombras gigantes que empezamos a verlas y que cuando suceda tenemos que salir corriendo y escondernos. Pero, sigamos con la luna. ¿Te imaginas una moneda de plata, muy brillante, en el aire, sin que nada la sujete y con unos dibujos redondos en su interior?, muy brillante, hasta el punto que la luz hace de la noche, día. Es tan maravillosa que todos intentamos alcanzarla, pero nunca lo conseguimos.

          —¿Y de qué esta hecha? —preguntó inocentemente Peter.

          —No se sabe, parece de plata o de papel de aluminio, aunque yo creo que debe ser de otra cosa, pero no sé cuál —siguió aclarando John.

          —Qué bonito va a ser, y, ¿cuándo vamos a verla? —siguió insistiendo Peter.

          —Esperemos a que papá nos lo diga, porque hay que verla cuando este entera —aclaró John.

          —¿Cómo entera?

          —Sí, si la viéramos en estos días, contaríamos como crece hasta ponerse completamente redonda y como después va desapareciendo lentamente de igual forma, por lo que hay que esperar a que papá nos diga el día que esta entera —comentó John mientras seguían paseando.

 

Pasaron los días, y llegó el momento en el que papá les dijo a sus hijos:

          —Hoy es el día para ver la luna llena.

          —¿Llena de qué? —preguntó con curiosidad Peter.

          —La llamamos así por su belleza, aunque no sabemos de qué está llena. Tened cuidado de los gigantes —les decía papá a sus hermanos mayores— que no son de fiar. Divertiros.

 

Peter y sus hermanos se unieron a otros amigos y se dirigieron a un punto por el que saldrían a ver el espectáculo. La vista era maravillosa, se veía un cielo lleno de lucecitas, estrellas, y en medio de todo ello, como un medallón gris-blanquecino, brillante, que iluminaba todo alrededor de ellos.

          —Es verdaderamente maravilloso, ¡yo la quiero para mí! —decía Peter.

          —No te la puedes llevar está ahí porque es de todos, y así la podemos disfrutar —comentó Fran.

          —Pero, yo la quiero para mí —insistía Peter.

          En este momento, Richard gritó:

          —¡Viene un gigante!

          En un instante todos se pusieron nerviosos y empezaron a correr en diferentes direcciones, mientras se oía una voz potente que gritaba:

          —¡María, tráeme el spray, que ya están aquí las hormigas!

Comentarios

  1. JAjajajajajaajajajajajajaj... ¡¡¡Pero bueno!!! Un fuerte aplauso a tu imaginación, al relato y a tantoz detalles que me han hecho soñar. Muy bueno, Rafael. Me has dejado impresionada. Un abrazo muy fuerte.

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  2. Buenísimo, Rafael. Vaya golpe. El día de la reunión haremos algunas correcciones.

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  3. Me he perdido un poco hasta que he leído el final y lo he entendido todo... Creo que este relato da mucho más de sí, Rafael, con su inocencia y los animalitos... Parece una fábula. Y es sensible y tierno, como tú.

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