8 - “Las Cataratas…” por Rafael Llamas Cadaval
El reloj del salón de la casa de Beatriz, acababa de dar las seis de la tarde. Ya habían llegado, Isabel, Amparo, María José y Carolina, y estaban degustando unas pastas que había puesto Beatriz.
—Nuestro niño
se retrasa —comento Beatriz.
—¿No seguirá pocho?
Como decía que llevaba unos días maluquillo —dijo María José, con un tono de
preocupación.
—No, ya está bien,
he hablado esta mañana con él y me ha dicho que vendría —aclaró Amparo.
—Sí, pero algo le pasa,
porque solo ha colgado en la web el título del relato: “Las cataratas…” y no ha
puesto nada de texto.
—Yo creo, que, con
lo enamoradizo que es, y después de la foto con Paula Vázquez, que dice se hizo
en Iguazú, algo tendrá que contarnos —decía Isabel.
—Siendo médico, lo
lógico sería que expusiera desde el punto de vista de paciente y profesional,
algunos aspectos de esta intervención que a alguna de nosotras se nos escapa —comentó
Carolina.
Mientras se producían
estos comentarios, sonó el timbre de la puerta y Beatriz gritó:
—¡Ya está ahí!
Beatriz le abrió la
puerta y lo saludo con un par de besos.
—Ya, creíamos que
no venias —comento Isabel.
—¡Pero como me iba
a perder esto! —respondió Rafael mientras saludaba a todas.
—¿Y tú relato? —preguntó
Beatriz.
—Aquí lo traigo en
la carpeta —dijo Rafael, señalando la que tenía en su mano.
—Es que nos tienes
en ascuas, porque solo pusiste el título —comento Carolina.
—Realmente, me
surgió la idea hace unos días, pero no sabía cómo desarrollarlo hasta esta
mañana. Lo que quiere decir que esta calentito, recién salido de fábrica —aclaró
Rafael.
—Pues, empecemos
con el tuyo y nos aclara como lo has planteado, porque nos tienes expectantes —dijo
Isabel.
—Vale, pero que lo
lea Beatriz, qué con su voz, todo parece mejor. —aclaró Rafael y entrego el
documento del relato a Beatriz.
Beatriz cogió el
documento y lo ojeo, y empezó a leer:
8. “Las Cataratas…” por Rafael Llamas
Cadaval
Rafael, es un médico y profesor universitario, jubilado y
divorciado, con una pareja, Mariluz, desde hace 20 años, y se acercaba el aniversario
de esta relación. Él, había pensado en hacerle un viaje a las cataratas de
Iguazú, que ya conocía, y que ella deseaba conocer, pero pensó que debía de
buscar algo más impactante.
Rafael, organizo el
viaje, sin decirle nada a Mariluz, solo le comento que iba a ser un viaje
sorpresa a una catarata, sin decirle a cual. Mariluz pensó, automáticamente, en
Iguazú entre Argentina y Brasil, Niágara entre Canadá y Estados Unidos, Victoria
entre Zambia y Zimbabue en África o El Santo Ángel en Venezuela, y no sabría
cual seria la mas deseada. Por más que, Mariluz, intentó sonsacar a Rafael, de
cuál iba a ser el destino, no lo consiguió. Tan solo consiguió sacarle, algo
que Rafael le repitió en varias ocasiones:
—Llévate prendas de
abrigo.
Después del vuelo
Sevilla-Madrid, Mariluz observó que se dirigían a una terminal poco habitual, Chile.
Recogieron los pasajes para el Aeropuerto Internacional Carriel Sur, de
Talcahuano.
—Pero, ¿A dónde vamos?
—preguntaba Mariluz con sorpresa.
—Ya te enterarás
cuando lleguemos —insistía Rafael, sin dar más explicaciones.
Después de alguna
escala y unas 20 horas de vuelo, llegaron por fin a tierra firme. Mientras
recogían el equipaje, Mariluz seguía preguntando:
—¿Dónde estamos?...
¿Qué hacemos aquí? ¿a dónde vamos?
—Es una sorpresa —insistía
Rafael.
Recogieron las
maletas y al salir buscaron a un comercial con un cartel que decía “Viajeros a
Tumbes”, se acercaron y se reunieron con un grupo en un autobús, que los llevo
hasta Puerto Pizarro, en Tumbes.
—¡Dime ya a donde
vamos, que me tienes asustada! —Insistía Mariluz con cara de cabreo.
—Tranquila ya queda
poco —le decía Rafael intentando calmarla.
El autobús los dejo
en puerto Pizarro, al inicio de la escalera de un crucero de cuatro plantas.
—¿Pero, qué haces,
tú no sabes que me dan miedo estos barcos gigantes? —exclamó Mariluz con cara
asustada.
—Y a mí, pero lo
que vamos a ver merece la pena.
A las pocas horas,
se encontraron delante de la barrera inmensa de hielo de la Antártida. Llegaron
a un pequeño puerto y pernoctaron en el barco.
Mariluz, estaba
cada vez más nerviosas e intranquila pese a las atenciones y palabras de cariño
de Rafael.
—Mañana, nos
recogen en unos todo-terrenos y nos llevan a un lago que hay arriba de esta
muralla de hielo. Es una zona protegida internacionalmente.
Por la mañana se
montaron en los vehículos, iban bien abrigados, porque las temperaturas eran
muy bajas. A Mariluz, el nerviosismo y el cabreo que tenía desde hacía unos
días se convirtió en curiosidad.
Los vehículos se
detuvieron a una distancia de varios kilómetros de una pared de hielo, de un
glaciar, del que fluía una catarata, al parecer de agua de color rojo intenso.
El guía que nos acompañaba, empezó a darnos algunas explicaciones:
—Esta catarata fue
descubierta en 1911 por el geólogo australiano Thomas Griffith Taylor, de ahí,
que el glaciar lleve su nombre, glaciar Taylor. Antiguamente, se pensaba que
era sangre procedente del sacrificio de las ofrendas que le hacían a los
dioses, aunque los primeros geólogos que la estudiaron pensaron que el color
podría deberse a microalgas rojas, que teñian el agua. En estudios científicos posteriores,
que se evidenció que el color, no es de sangre, es una salmuera (agua muy
salada), rica en hierro, que está atrapada en un lago subglacial, debajo del hielo
durante millones de años. Bajo el hielo, en completa oscuridad y sin oxígeno,
hay bacterias extremófilas que sobreviven en condiciones ambientales extremas.
gracias a metabolizar el hierro y el azufre. Al salir el agua a la superficie y
entrar en contacto con el oxígeno del aire, el hierro disuelto se oxida de
inmediato y adquiere el color carmesí característico.
—Es un espectáculo maravilloso,
que no me podría haber imaginado —decía Mariluz, mientras abrazaba a Rafael.
—Por todo lo que nos
han contado de esta cascada, se la conoce como “Cataratas de sangre”.
¡¡¡Vaya sorpresa!!! No tenía ni idea. Bueno, Rafael, me has impresionado. Enhorabuena, campeón.
ResponderEliminarCada día eres más original escribiendo, Rafael, con esa entrada que lleva al relato en sí... Me ha creado expectación y, como suele suceder, he aprendido algo nuevo; el científico que llevas dentro siempre asoma, querido amigo.
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