7 - LA CASUALIDAD por Rafael Llamas Cadaval
7 - LA CASUALIDAD por Rafael Llamas
Cadaval
El
autobús se paró en la plaza del pueblo, el conductor se puso de pie y en voz
alta gritó:
—Ya
hemos llegado, y para que ustedes se orienten, estamos delante del Ayuntamiento
de la bella Ciudad Ducal de Osuna. Gracias por haber viajado con nosotros.
Todos
los tripulantes del autobús comenzaron a bajarse y empezaron a recoger el
equipaje que llevaban. Uno de los pasajeros, era un joven de unos 25 años, que
se llamaba Raúl y que hacía un mes había aprobado unas oposiciones de profesor
de enseñanza secundaria, en literatura, en el instituto “Francisco Rodríguez
Marín”, en el paseo San Arcadio de este pueblo.
A
Raúl, le hacía ilusión este destino, porque había sido el lugar de nacimiento
de su abuelo Rafael. Lo había visitado en varias ocasiones con él y había
podido disfrutar de la vida de su abuelo entre esas calles. Para su estancia
temporal, le habían recomendado, la pensión de “Pepe Cabello”, que estaba bien
de precio y muy limpia.
Raúl,
se levantó temprano, quería estar a las nueve, en la Sala de Profesores del
Instituto en su primera reunión del profesorado.
La
Directora del Centro, dio la bienvenida y presentó a Raúl, a todo el
profesorado, como el nuevo Profesor de Literatura
—Bienvenido a nuestro Centro— dijo la
Directora —sabemos que en estas aulas se formó tu abuelo Rafael, y como
homenaje a ello, hemos decidido asignarte el Aula 1B, para impartir tu
docencia, que era en la que estudio tu abuelo.
—Gracias, es un honor para mi y mi
abuelo. Gracias a todos.
Cuando acabó la reunión, todos los
profesores salieron de la sala y se dirigieron a las aulas asignadas.
Raúl se encaminó al Aula 1B, con un
pequeño plano que le habían facilitado. Iba lento, parecía que no quería
llegar, quizás tenía un poco de miedo de empezar su carrera docente en el aula
donde estudio su abuelo. Cuando llegó, había alumnos en la puerta del aula y
que al verlo llegar y por las indicaciones que le hacía con la mano, se
metieron en el aula rápidamente, seguidos por Raúl.
—Buenos día —gritó Raúl, a lo que
respondieron todos los alumnos—, soy vuestro profesor de Literatura y me llamo
Raúl. Debo deciros, que para mí es un orgullo empezar mi docencia, en este Aula
1B, porque en ella, empezó sus estudios, como vosotros, mi abuelo hace ya
muchos años.
—¡Bienvenido! —gritaron los alumnos.
—Por ser el primer día, no quiero
empezar a machacaros con un texto literario tedioso, con el que podáis pensar
que esta materia será un “peñazo” —los alumnos mostraron sonrisas con signos de
complicidad—. Os voy a plantear algo que sería didáctico y divertido.
Los alumnos, mostraron cara de
curiosidad, sorpresa y sonrisa, y alguno se estaría preguntando: “¿que habrá
inventado este?"
—¿Sabéis qué, diferencias hay entre la
“casualidad” y la “causalidad”? —palabras que escribió en la pizarra.
Rápidamente, la mano de una chica se
elevó y dijo:
—Ninguna, es lo mismo.
—¿Estáis todos de acuerdo? —preguntó
Raúl y se empezaron a oír comentarios entre el sí y el no. Por ello, Raúl
decidió hacer una pequeña encuesta.
—¿Quién cree que es lo mismo?
—levantaron la mano 18 alumnos—. ¿Quién cree que no? —levantaron la mano, los
12 alumnos restantes, resultado que anotó en la pizarra.
Se empezó a escuchar un murmullo de
fondo, por el debate que se empezaba a establecer entre los alumnos.
—La “causalidad”, es cuando algo
condiciona de forma directa a otra, es lo que conocemos como casusa y efecto.
¿Me podéis poner algún ejemplo?
—Usted está aquí, porque en este aula,
estudio su abuelo —comentó un alumno.
—No, yo aprobé unas oposiciones, en un
concurso nacional, para esta plaza, y la dirección del Centro decidió asignarme
este aula. No hay causa-efecto, mi abuelo no sabe nada de esto y para mí ha
sido una sorpresa.
Una alumna levanto la mano y propuso
otra posibilidad:
—Aprobar un examen por haber estudiado
la materia previamente.
—Efectivamente, ahí sí hay una casusa
y efecto rápido que se corresponden. Muy bien. Otro ejemplo. —propuso Raúl.
—Dar al interruptor de la luz y que
esta se encienda —dijo una alumna.
—Correcto, otro ejemplo.
—Si aplico calor al hielo, este se
derrite —dijo un alumno.
—Perfecto, creo que habéis entendido
lo que es la “causalidad”, ahora analizaremos la “casualidad”, que es cuando
determinadas condiciones fortuitas, que no promueves, ni siguiera puedes
evitar, condicionan imprevistos al azar. El primer ejemplo que se puso conmigo,
mi abuelo y el aula, es una casualidad. —un alumno levanto la mano.
—Si voy por la calle y me encuentro un
billete de 50 euros, muy dobladito en el suelo y me lo quedo, ¿eso es una
casualidad?
—Eso es una casualidad, porque tu no
ibas buscando el billete y además suerte, porque te quedarías con el billete,
supongo —los alumnos empezaron a reírse y una alumna levantó la mano.
—Cuando empiezas a salir con un chico,
que en un principio no te gusta ni te interesa, y al tratalo, te enamoras
de él… ¿eso es por casualidad?
—Sí, eso es casualidad.
—Asistir
a una fiesta con un traje nuevo que te has comprado y coincidir con otra chica
con el mismo traje, ¿eso es casualidad? —pregunto una alumna.
—Efectivamente, eso es casualidad.
Otro ejemplo.
—Pensar en llamar a un amigo y en ese
momento te llama él —propuso un alumno.
—Correcto, otro.
—¿Qué te toque la lotería es pura casualidad?
—Pues sí, es además por suerte, siempre hay que comprar el billete o decimo previamente.
Entre risas, cada vez más manos se
levantaban, Raúl, levando las manos para que se calmaran, y empezó a halar:
—Me vais a permitir que os cuente una
historia que viví con unos amigos hace un año en Paris. Éramos 4 amigos de la
carrera, que un verano decidimos hacer un viaje en coche, por Europa. Estando
en Paris vimos que en un cine ponían un clásico, la película “El Decameron”, de
Pier Paolo Pasolini. Nos pusimos en una de las colas que había y observamos
como un hombre joven, algo mayor que nosotros, se puso detrás nuestra.
Observamos que nuestra cola avanzaba muy lentamente y decidimos cambiar a otra.
Cuando lo hicimos, el hombre de la cola, también lo hizo. Llevaba puesta una
gabardina, y nos quedamos los cuatros un poco preocupado por si venía con malas
intenciones. Entramos rápidamente en el cine y nos sentamos. Al rato, el hombre
de la gabardina se sentó a nuestro lado. Nos transmitimos entre todos, un
mensaje qué si intentaba algo, saltábamos los cuatro contra él. A los pocos
minutos, y antes de empezar la película el hombre se decidió a hablar:
—¿Sois españoles?
—Sí, contesté enérgicamente.
—Menos mal, por fin… —dijo el hombre,
hecho que nos dejó a los cuatro amigos, sorprendidos—. Soy español, de Sevilla,
ingeniero y llevo dos meses trabajando aquí y no he conseguido hablar español
con alguien.
La tensión desapareció en el grupo, ya
que el hombre era un sevillano, como nosotros, que lo habían destinado por su
empresa a Paris por un cierto tiempo.
Después de la película, quedaron para
tomas unas cervezas. El hombre se llamaba Jacobo y vivía en Sevilla en uno de
los bloques que rodean el Prado de San Sebastián. Uno de los cuatro amigos,
llamado Joaquín, le preguntó:
—¿En qué número?
—En el 32, en el 4º, puerta B.
—No puede ser —decía Joaquín—, yo vivo
en ese bloque en el 1º, puerta A.
Se oyó un murmullo de comentarios en
el aula, a lo que Raúl intento acallar.
—Lo que os acabo de contar es un hecho
real, y de lo que he sido testigo —comentó Raúl—, y es un ejemplo claro de
casualidad.
Bravo!!! Rafael, qué bonita anécdota y qué bien explicada. Me ha encantado. Abrazossss
ResponderEliminar❤️
EliminarMe ha gustado mucho como Raúl se mete en su nueva vida docente, en el pueblo de su abuelo, y como mete a los alumnos en diferenciar causalidad de casualidad. Podría ser el comienzo de una serie de relatos, Rafael.
ResponderEliminarTe estaba viendo por el patio y las escaleras del colegio de Osuna. Muy bien descrito.
ResponderEliminarMuchas veces la relacion causa efecto no se ve, lo cual no significa que no exista. Me he acordado de esta frase de Jung: "Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente dirigira tu vida, y tu lo llamaras destino" O mala suerte.