6. POR FIN, LA CASA DE MIS SUEÑOS por Rafael Llamas

 

Hacía un día soleado, y Manuel, estaba en la puerta de su nueva casa, en una urbanización de lujo, a las afueras de la ciudad, viendo cómo se alejaban los camiones de la mudanza. Ya, por fin, se encontraba delante de la casa de sus sueños. Se sentó, en los peldaños de la escalera de la entrada y se puso a llorar angustiosamente.

 

          Manuel, es un abogado de prestigio de la ciudad, y un solterón empedernido. Por su trabajo, viajaba con frecuencia a diferentes ciudades del país, así como de otros países, por lo que mantener una relación sentimental estable, durante todos estos años, le ha resultado muy difícil,

         

Él, ha vivido en diferentes tipos de viviendas: apartamentos, pisos y casas, adaptándose en casa caso a la situación sentimental, que iba viviendo. Cada una de las viviendas tenían características muy diferentes, si bien, ninguna se adaptada a lo que el realmente quería. Una porque era demasiado pequeña, para contener sus libros y discos. Otra, porque aun siendo mayor, necesitaba espacio para albergar sus guitarras, el piano y el equipo de música. Pero, el tema se disparó al empezar, como hobby, a modelar y pintar, y el espacio que tenía era insuficiente. Fue, a partir de ese momento, en esta ocasión, cuando los pensamientos de Manuel se dispararon en cómo debería ser su casa ideal.

          Poco a poco, Manuel fue idealizando su casa, en base a todo lo que hacía y tenía. Estaba claro que las múltiples relaciones que había tenido, algo habían influido en lo que iba construyendo en su mente sobre su casa ideal, aunque pocas la condicionaron.

          Pese, a que la situación sentimental era inestable, él, de vez en cuando, comentaba algunas de sus ideas, con la pareja que tenía en esos momentos. Pero, estaba claro, eran impresiones y sugerencias de una persona con la que mantenía una relación, corta, puntual e insegura, de gustos muy diversos y de difícil futuro.

 

Manuel, fue construyendo en su mente su casa ideal, que pudiera albergar todos sus recuerdos, sus hobbys y sus sueños. La casa, iba apareciendo lentamente en su cabeza, a la que constantemente le hacía modificaciones.

 

La situación profesional, económica e incluso sentimental, le permitían emprender el proyecto de su vivienda deseada, ya que la amorosa estaba estancada desde hacía unos meses, sin relación alguna.

 

Manuel, habló con Rodrigo, un amigo arquitecto que tenía un estudio, con mucho prestigio en la ciudad. En diferentes reuniones, él le explicó la idea que tenía de su futura vivienda, lo que condicionó qué en una de las reuniones, Rodrigo se presentara con los planos de un posible proyecto, que él aceptó.

 

Pasaban los meses y la obra iba avanzando, y poco a poco Manuel iba viendo como sus ilusiones de muchos años se estaban haciendo realidad.

 

Habían pasado seis meses, cuando Rodrigo llamó a Manuel para decirle que la obra estaba finalizada. Los dos fueron a ver la casa. Tenía un porche de acceso amplio y se accedía a él por tres escalones. Pasada la puerta de entrada había un hall espacioso, que mostraba, en el lateral derecho, unas puertas de un armario y a la izquierda otra puerta que accedía al office y a la cocina. Desde el hall se observaba un gran salón con unos amplios ventanales que daban a la parte lateral y posterior de la casa. En el ala derecha, una puerta accedía a un despacho, con grandes ventanales. Entre esta puerta y el Hall, había una escalera que daba acceso a la planta superior, con cuatro dormitorios y una amplia sala que seria un taller o estudio para pintar y modelar, que al igual que otras dependencias de la casa tenía grandes ventanales que daban una gran luminosidad. También, existían dos cuartos de baños completos, uno incluido en el dormitorio principal.

          En el ala izquierda del salón había una puerta que daba acceso directo a la cocina, que estaba amueblada y con un comedor incorporado. Al lado de esta puerta de la cocina, había otra que daba acceso a un servicio sanitario completo.

 

Cuando los camiones de la mudanza se marcharon, Manuel se sentó en los escalones del porche de la entrada y empezó a llorar angustiosamente. No podía parar, tenía una extraña sensación entre felicidad y pena, se sentía como abandonado, cuando se oyó una voz:

          —¡Manuel, Manuel!, ¿me puedes abrir? —gritaba Ana, una buena amiga de hace años, que se encontraba delante de la puerta de acceso al jardín.

          —¡Pasa, está abierto! —contestó Manuel, con voz alta.

          Ana, empujo la puerta y se acercó a Manuel, y observó su cara desencajada, triste y con ojos llorosos.

          —Pero, ¿qué pasa?... ¿qué te pasa? Esperaba verte feliz y contento en tu nueva casa —le comento Ana preocupada.

          —Que… —Manuel detuvo sus palabras por unos segundos—. creo que me he equivocado.

          —¿Equivocado?, ¿en qué?

          —Creía que una nueva casa maravillosa, sería la solución de cambiar mis sentimientos y me he dado cuenta, al ver todos los rincones de esta casa, que no hay ningún recuerdo, ni sentimiento. Ha sido como si los recuerdos que he tenido con otras personas, en cada rincón de las diferentes casas en las que he vivido, se hayan borrados de golpe. Me siento vacío y solo, como si fuera un náufrago en medio del mar, en una barcaza que no va a ninguna parte —de nuevo Manuel empezó a llorar y Ana se acercó y lo abrazó

—No llores, aquí, en esta casa, empezaras a vivir y a tener nuevos sentimientos. Todo es cuestión de tiempo.

—Sí, pero me he dado cuenta que la casa no da la felicidad. La felicidad está en mí y no consigo encontrarla.

—Date un tiempo, ahora que empiezas a vivir en esta casa ya encontrarás a alguien que comparta tu amor y felicidad.

—Sí, puede ser, pero ahora me paseo por las habitaciones y no siento nada. Veo todas mis cosas, libros, discos, guitarras, piano, pinturas y esculturas, pero aquí no los relaciono con nadie. Tengo un gran vacío interior, como si los hombres de la mudanza hubieran dejado atrás, todos mis sentimientos.

—Lo que te pasa, es qué en el transcurso de estos años, en tu cabeza has ido ligando tus sentimientos con una determinada persona, con los cambios que has ido haciendo de tu futura casa. Sin darte cuenta, sus sentimientos y opiniones impregnan cada uno de los rincones de esta nueva casa —le decía Ana a Manuel, acariciándole suavemente sus manos.

—Quizás pensé, qué algo hecho de ladrillos iba a borrar lo vivido años atrás. Es un error, que con frecuencia comentamos, el querer borrar huellas de nuestras vidas con algo material, que lo que hace en realidad es eternizarlos.

          —Disfruta de tu nueva casa, no te agobies, ya verás cómo dentro de unos meses, volverás a sentir algo por alguien y recuperarás a la normalidad. Ten paciencia, volverás a conocer a alguien que te haga sentir de nuevo y que compartirás con ella otros sentimientos. Entre estas nuevas paredes vas a recuperar, poco a poco, lo que sentías con tus libros, discos, pinturas y esculturas, que seguro que te traerán recuerdos del pasado y algunos de esas personas a las que amaste. No entierre tus sentimientos por unos ladrillos, ya que perdurarán para siempre. Deja pasar este momento, lo que crees que has perdido, está en tu interior y esos sentimientos resurgirán de tus cenizas como el Ave Fénix. No estés triste, date un tiempo y te darás cuenta como la felicidad y el amor, volverán a ti.

          Después de estas palabras de María, se fundieron los dos en un abrazo, mientras el sol se iba ocultando en el horizonte entre las copas de los árboles y tejados de las casas de sus vecinos.

Comentarios

  1. Muy bonito, Rafael, dice mucho de ti. La felicidad no está afuera, está en tu interior. Búscala.

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  2. Un relato muy bonito sobre la felicidad y la dependencia. Me ha encantado.

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  3. Querido Rafael, qué ternura y cuánta verdad. ¡Ay, la felicidad!, ese sentimiento que tanto buscamos y que se escurre entre los dedos en cuanto lo imaginamos. Quizá si no la buscáramos, si intentáramos vivir con otro ánimo, aparecería tras la puerta de ese nuevo hogar. Me uno a Ana y te abrazo con mucho cariño.

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  4. Puro Rafael Llamas; sensible, tierno, melancólico, humano... Todo en ti es bonito, Rafael, y eso se manifiesta en tus relatos.

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