4. LA DIOSA BASTET por Rafael Llamas Cadaval
Anne Mary es una joven arqueóloga que viajaba por tercera vez a El Cairo, para trabajar en la excavación de una posible tumba, de un faraón desconocido. En esta ocasión le acompañaba su marido Peter, antropólogo de la Universidad de Harvard, que había solicitado un permiso especial para poder acompañarla. Ella era una egiptóloga, especialista en momificaciones, y él en el hombre de Neandertal; le apetecía acompañarla para ver la dinámica de su trabajo y hacer algo de turismo, pero no iba a ayudar en la excavación.
El avión llegó a la hora prevista y, rápidamente, se pusieron en marcha para ir a buscar las maletas.
—Peter ¿has cogido tu maletín? No lo
veo —preguntó Anne Mary.
—Sí, lo tengo entre mis piernas. Recojamos esta última bolsa y vamos a buscar un taxi.
Con todo el equipaje, cogieron un taxi, y le indicaron al chofer hacia donde iban.
—Al Cosmopolitan Cairo Hotel —dijo Anne Mary con seguridad—. Es un hotel que está muy bien. He estado en él en los dos viajes anteriores y me ha gustado. Espero que a ti también. Además, es muy económico y las habitaciones y el servicio son estupendos. Allí estarán también el resto de los compañeros.
Ya en la habitación, Peter comprobó que era magnífica, mejor de lo que Anne Mary le había contado. Se cambiaron rápidamente para cenar, porque habían quedado con el resto de los compañeros de excavación.
Bajaron al comedor, donde había preparado un gran buffet. Yasir, que era un compañero arqueólogo de Egipto, se había encargado de hacer la reserva. Anne Mary, comprobó que en una de las mesas estaban los miembros del grupo de arqueólogos: Yasir, Aarón (arqueólogo de Israel), Josefine (arqueóloga francesa) y Pedro (arqueólogo de España).
—Qué alegría veros una vez más —dijo
Yasir.
—Este es Peter, mi marido, que ha
decidido acompañarme y hacer turismo —comentó Anne Mary. Y señaló y nombró a
cada uno de los asistentes, a los que
Peter saludó.
Como la comida era en plan buffet,
cada uno se fue levantando y cogiendo lo que les apetecía. La noche transcurrió entre conversaciones banales, hasta que Yasir dijo:
—Son las once, y mañana a las cinco nos llevan a la excavación. Peter, si quieres nos puedes acompañar.
—No, gracias. Dedicaré el día a hacer
un poco de turismo —comentó Peter.
Se despidieron y fueron cogiendo los
ascensores para sus habitaciones.
A las cinco de la mañana estaban todos,
menos Peter, en la puerta del hotel. Amanecía y el calor ya era sofocante. Esta
experiencia, ya la habían vivido. Eran las terceras jornadas de excavaciones en
ese mismo lugar. Todos iban vestidos con cómodos trajes ligeros que les ayudaría a
soportar el calor que iban a pasar. Un coche Fort antiguo, de los años 70, les esperaba para llevarlos.
El trayecto duraba cerca de una hora hasta la excavación. La ubicación fue descubierta
por unos arqueólogos franceses, que perdieron la financiación y no pudieron
seguir. Fue a través de Yasir, que pudieron continuarla, por lo que lo eligieron
como Director del Proyecto.
Cuando llegaron, observaron que había un grupo de diez hombres sentados en el suelo que los
esperaban en el interior de una carpa. El terreno de alrededor era desolador y
tan solo se observaba al lado de la tienda un gran agujero. En el horizonte, sí se veía en el perfil del terreno, como despuntaban el piramidón de las
pirámides de Keops y Kefrén, no observándose nada más.
—Esta vista del terreno me horroriza.
La única señal de vida que hay, es la nuestra —djo Anne Mary, como ya había
comentado en excavaciones anteriores—. Es algo que no supero.
—Bueno, dejemos las lamentaciones para
otro momento y empecemos el trabajo antes que el calor nos eche —comento Yasir.
En el agujero ya se había profundizado
unos treinta metros, en tres direcciones distintas. En las excavaciones
anteriores se habían localizado restos de cerámicas, pero no pudieron localizar
ningún túnel ni paredes que lo sugirieran, por lo que había que seguir.
—¡Al trabajo! —gritó Yasir—. Comenzamos Aarón, Josefine y yo. Pedro y Anne
Mary se quedarán en la limpieza exterior.
Siempre entraban al interior, dos o tres arqueólogos, y fuera se quedaban dos o tres en la limpieza
y búsqueda de los restos que se sacaban. Las tareas una y otra eran duras. El
calor sofocante, insoportable, hacía que el sudor se deslizara por la piel, que
con el polvo del desierto iba originando unos surcos que parecían tatuajes.
Cada dos horas se intercambiaban los
excavadores y los limpiadores. Ahora les tocaba el turno de excavar a Anne Mary, Pedro
y Yasir, que seguía. Anne Mary estaba deseosa de bajar, llevaba días convencida
de que daría resultados positivos.
—¡Yasir, Yasir! ¿Puedes venir? —gritó
Anne Mary desde el túnel dos. Estaban trabajando en tres túneles distintos, y
fue una vez más que se reclamó al Director para que observara algo.
—¿Qué quieres? ¿Qué es? —preguntó Yasir.
—No lo sé, es algo negro y suave. No
he querido avanzar más hasta que lo vieras —dijo Anne Mary, emocionada.
—Déjame —dijo Yasir, apartándola. Se
arrodillo, cogió un pincel y se pudo a limpiar suavemente.
Poco a poco, se iba descubriendo cada
vez más. Parecía una piedra de granito negro, con una superficie suave, curva. Por lo que tenían descubierto, parecía estar en buen estado. Se corrió la
voz entre los trabajadores y los comentarios ya se oían en el exterior. Todos
estaban nerviosos. Era el primer día, después de dos excavaciones anteriores,
sin éxito, y había sido Anna Mary quien descubría algo. Estaba emocionada y
nerviosa. Mientras observaba el movimiento de los pelos del pincel que Yasir manipulaba
con sus manos.
—Parece granito negro y es muy suave,
puede ser de una escultura —comento Yasir, inicialmente—. Esta curvatura me
sugiere que podría ser la base o la peana de una escultura. Así que no tengamos
prisa y eliminemos lentamente y con suavidad toda la tierra que tiene
alrededor.
A Anne Mary se le iluminaron los
ojos; era consciente de que pese a su juventud estaba teniendo la oportunidad de
descubrir algo que existió hace miles de años. Yasir, la despertó de sus pensamientos
al decirle:
—Quédate
a mi lado y me ayudas, así acabaremos lo antes posible —aquellas palabras
emocionaron a Anna Mary y pensaba que ojalá Peter la estuviera viendo en esos
momentos.
Yasir
y Anne Mary comenzaron conjuntamente a desenterrar aquel objeto que estaba
semienterrado en el suelo. Poco a poco, pudieron observar que lo que estaban
descubriendo parecía la base de algo, una figura o escultura, pero no sabían de
qué.
—Está
claro que esto es granito negro que utilizaban los antiguos egipcios en imágenes
de sus dioses —comentaba Yasir a Anne Mary, mientras esta seguía limpiando con
delicadeza.
Habían
avanzado unos veinte centímetros, y habían dejado al descubierto dos finas
patas delanteras, mientras que las traseras y el cuerpo estaban unidos a la peana.
—Es como si fuera un perro o un chacal. Podría ser Anubis, que era el dios antiguo de la muerte y el protector del alma, pero se representaba como un hombre con cabeza de chacal, y lo que estamos viendo se parece más a un perro o a un gato —comentaba Yasir a Anne Mari.
Ambos, siguieron limpiando, y cuando
llevaban cincuenta centímetros descubiertos, las formas estilizadas sugerían
más la posibilidad de que fuera un gato. La superficie externa era fina y lisa
y anatómicamente se iba pareciendo a un gato.
—¿Te quieres salir un rato? —pregunto
Yasir a Anne Mary—. Te veo sudorosa. Sal y descansa un rato.
—Ahora no, yo sigo adelante, estoy
disfrutando, sigamos.
Los dos continuaron y alcanzaron el
cuello del animal que mostraba un intrincado collar de oro, perfectamente
adaptado. Siguieron y descubrieron que era un gato con la peculiaridad de las
orejas puntiagudas.
—¡Es un gato negro, negro! —exclamó Anne Mery.
—Sí, es un gato de los que hoy se
conocen como gatos egipcios. Saquémoslo lo antes posible, aquí no se
puede quedar —dijo Yasir, dando instrucciones a los trabajadores para que
trajeran los medios para el transporte.
Con la escultura en el exterior de la
excavación, se reunieron todos los del proyecto dentro de la carpa. Encima de
una mesa se encontraba esa figura de granito negro, que era un gato egipcio. Yasir,
comenzó con los comentarios.
—De momento es lo que hemos
descubierto. Los llaman Gatos Sphynx
(esfinge), que son gatos estilizados, con orejas grandes puntiagudas. Pero
este, representa a la diosa Gata Bastet o
Bast: asociada a hogar, protección y felicidad. Tiene una altura de un
metro, aunque algunas de las que se han encontrado han llegado a alcanzar los dos
metros. Están hechas de granito negro, basalto, diorita de color negro o gris
oscuro e incluso en bronce, que con el tiempo adquirían una pátina oscura o
negra. El collar de oro que tiene, significa que era alguien de la familia del
faraón o un alto cargo.
—Me gustaría hacer algún comentario
—dijo Aarón—. El culto a la diosa Gata
Bastet, comenzó hace 2.900 años a.C. Los egipcios estaban convencidos de que
los gatos tenían alma, por lo que no se les podía matar. Cuando morían se les
momificaba. Hay un investigador, Beni Hassan, que encontró en 1890 una necrópolis
con más de trescientas mil momias de gato. Esta diosa era protectora del hogar,
simbolizaba la alegría de vivir, protegía los nacimientos y a las embarazadas
de las enfermedades y malos espíritus.
—Quiero decir —salto Anne Mary—, que
estoy emocionada por haberla encontrado yo, aunque podía haber sido cualquiera
de nosotros. El éxito es de todos. Espero que sientan la misma felicidad que yo en estos momentos
—Gracias, nos la llevamos al hotel, porque aquí no se puede quedar —dijo señalando a la diosa—. Nos vamos.
Ya en el hotel, quedaron para cenar y en esta ocasión, ya estaba con ellos Peter. Yasir se levantó con una copa en
la mano:
—Quiero felicitaros y brindar por el
éxito de la campaña de hoy. El hallazgo de esta diosa Bastet protectora del hogar, los nacimientos y a las embarazadas,
y que simbolizaba la alegría de vivir, nos traerá el apoyo y la ayuda que
necesitamos. Aunque ahora, tengo que recordaros, que mañana a las cinco de la
mañana, continuamos con nuevas energías. Peter se levantó y pidió hablar:
—En esta ocasión,
Anne Mary, he de decirte que ha llamado tu hermana, y dice que tu test de
embarazo ha salido, por fin, positivo. La diosa Bastet ha empezado a cuidarte.
Me ha encantado leer tu relato. Soy una amante de los gatos negros y sabía de su relación con Egipto. Uno de mis gatos negros preferidos se llamaba Osiris y resucitó. Para la familia fue un milagro de los dioses.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho, Rafael; me ha trasladado al mundo de las excavaciones que estudié. Como describes el trabajo que realizan, la emoción del descubrimiento... Me ha trasladado a ese lugar.
ResponderEliminarCon respecto la puntuación, hay alguna cosilla que podemos ver en la lectura.
De nuevo me has sorprendido, Rafael. Que me llevaras a Egipto me ha renovado mis ganas de meterme en una de esas campañas a escarvar con un pincel ;) Precioso relato, muy original. ¡A por el siguiente!
ResponderEliminarPrecioso y emocionante. Muy original.
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